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17. Cristeros

Se lee todo tipo de cosas sobre el Quinto Centenario del descubrimiento de América… hay hasta frailes y monjas que públicamente critican a los misioneros cristianos por haber destruido esas bonitas idolatrías precolombinas que -en el caso de los aztecas- tenían como base indispensable el sacrificio humano colectivo. A pesar de ello, Jean Dumont recuerda el caso de México, muchas veces olvidado, a esos creyentes que juzgan la epopeya del anuncio de la fe en tierras americanas sólo como una guerra de masacre y conquista, disfrazada de seudoevangelización.

Aquí están curas y frailes contándonos por enésima vez las atrocidades, ciertas o presuntas, de los conquistadores del siglo XVI, y callando al mismo tiempo, de manera obstinada, lo de los cristeros del siglo XX. Un silencio no casual, porque precisamente los cristeros, con su multitud de mártires indígenas, desmontan el esquema que da por forzada y superficial la evangelización de América Latina.

Refresquemos la memoria. A principios del siglo XIX la burguesía criolla (de origen europeo), luchó para liberarse de la Corona española y de la Iglesia, y tener así las manos libres para explotar a los indios, ya sin el estorbo de los gobernadores de Madrid y los religiosos. Es un <<movimiento de liberación>> (para los blancos privilegiados) reunido alrededor de las logias masónicas locales, sustentadas por los <<hermanos francmasones>> de la América anglosajona del Norte.*

Las nuevas castas en el poder en las antiguas provincias españolas llevan a cabo una legislación anticatólica, enfrentándose con la resistencia popular, constituida en su mayoría por aquellos indios o mestizos que -según el esquema actual- habrían sido bautizados a la fuerza y desearían volver a sus cultos sangrientos. A principios de nuestro siglo el jacobinismo liberal se hace aliado del socialismo y el marxismo locales, de manera que <<entre 1914 y 1915 los obispos fueron detenidos o expulsados, todos los sacerdotes encarcelados, las monjas expulsadas de sus conventos, el culto religioso prohibido, las escuelas religiosas cerradas, las propiedades eclesiásticas confiscadas. La Constitución de 1917 legalizó el ataque a la Iglesia y lo radicalizó de manera intolerable>> (Félix Zubillaga).

Cabe señalar que aquella Constitución no fue sometida a la aprobación del pueblo, que no sólo no la habría aprobado, sino que en seguida dio a conocer su posición: primero mediante la resistencia pasiva y luego con las armas, en nombre de la doctrina católica tradicional, según la cual es lícito resistir con la fuerza a una tiranía insoportable.

Empezaba así la epopeya de los cristeros, así llamados, despectivamente, porque delante del pelotón de fusilamiento morían gritando: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Cristo y Nuestra Señora de Guadalupe! Los insurrectos (igual que en la Vendée) militaban bajo las banderas del Sagrado Corazón, y llegaron a desplegar 200,000 hombres armados, apoyados por las Brigadas Bonitas, brigadas femeninas para la sanidad, subsistencia y comunicaciones.

La guerra estalló entre 1926 y 1929. Si al final el gobierno se vio obligado a aceptar un compromiso (y los bandoleros católicos, no obstante los éxitos, tuvieron que obedecer, contra su voluntad, a la orden de la Santa Sede y deponer las armas), fue porque la resistencia a la descristianización había penetrado hasta el fondo en todas las clases sociales: estudiantes y obreros, amas de casa y campesinos. La Cristiada mexicana fue un movimiento popular, profundo y auténtico: centenares de hombres y mujeres de todas las clases sociales se dejaron masacrar para no tener que renunciar a Cristo Rey y a la devoción por la gloriosa Virgen de Guadalupe, madre de toda América latina. Murió fusilado, entre otros, aquel padre Miguel Agustín Pro, al que el Papa beatificó en 1988.

La lucha de los cristeros en defensa de la fe fue una de las más heroicas de la historia, y ha llegado hasta nuestros días. A pesar de la Constitución <<atea>> vigente en México desde 1917, quizás en ningún otro sitio Juan Pablo II tuvo una acogida de masas más sincera y festiva, y ningún santuario del mundo es tan visitado como el de Guadalupe.

¿Cómo explican esta fidelidad los que nos quieren convencer de que hubo una evangelización forzada, que se impuso la fe usando el crucifijo como un garrote?

16. Entre Sudamérica y Europa del Norte

En América latina, nos dicen, la Iglesia católica <<está con los pobres>>. Pero los pobres no están con la Iglesia: millones de ellos se han pasado a las sectas duramente anticatólicas que vienen de Estados Unidos; o como en Brasil, a los cultos animistas y sincretistas. En el continente que antes era el <<más católico del mundo>>, el protestantismo está en camino de convertirse estadísticamente en la mayoría.

Nos encontraríamos frente a uno de esos <<resultados catastróficos de la catequesis y la pastoral>> de los que muchas veces ha hablado el cardenal Ratzinger (hoy Papa). Los que –en el territorio, enfrentándose a la realidad- han analizado las causas de la <<gran huída>> han constatado que la <<demanda>> religiosa sudamericana se dirige a otra parte porque la <<oferta>> católica no la satisface. El pueblo ya no está en sintonía con una Iglesia que ha acentuado su compromiso político, social, de justicia y bienestar terrenales, y que así ha llegado a ofuscar su dimensión directamente religiosa.

En fin, el cura comicial, sindicalista y politizado ya no basta para satisfacer la necesidad de una esfera sagrada y trascendente y de esperanza eterna. Transformar el Evangelio en un manual para la <<liberación>> sociopolítica, seguramente gratifica a los teólogos, pero no convence a los que querían <<liberarse>>, que por lo tanto, se dirigen a otro sitio, donde puedan encontrar satisfacción a sus necesidades de adorar, rezar y esperar algo más duradero y profundo que las reformas económicas de siempre.

Los pastores protestantes, en cambio, anuncian (a su manera) a Cristo, el perdón, la salvación y la vida eterna; y esto es lo que les importa a los (cada día más de) cuarenta millones de personas que en Centro y Sudamérica han abandonado el catolicismo.

Es un adiós pronunciado ya, por muchas personas que viven en un contexto socioeconómico completamente diferente: en Holanda, por ejemplo; adiós en la tierra que albergara una de las religiones más ejemplares y fervorosas del mundo, y que puede ser ejemplificado por el solitario duelo de un profesor italiano con la KRO, la radiotelevisión <<católica>>, en la que se había decidido celebrar la Navidad emitiendo la película El nombre de la rosa, adaptación de la novela de Umberto Eco.

<<Este es el germen del libro: hacía años que tenía ganas de matar un fraile…>> comentó una vez Eco, y añadió que la novela era una especie de <<manifiesto>> de la <<meditada apostasía>> del catolicismo en su juventud. Esta intención anticristiana filtrada por la habilidad artística de Eco, se convirtió en mera propaganda anticlerical en su transcripción cinematográfica, cuyo resultado no convenció ni al mismo escritor. Marco Tangheroni, buen conocedor de la época en la que se ambientó la citada película, y profesor de historia medieval de la Universidad de Pisa, escribió: <<La descripción de la Iglesia de la época que se hace en la película es completamente falsa. La película acoge y lleva a sus extremos la antigua, engañosa visión de la Edad Media, creada por odio anticatólico entre los siglos XVIII y XIX, para deformar deliberadamente un período glorioso y luminoso de la historia de la humanidad>>.

Ésta, pues, era la película que la televisión <<católica>> holandesa proponía para <<edificar>> a sus espectadores en el día de Navidad a pesar de las protestas de algún superviviente en el naufragio de una Iglesia que quería ser maestra de <<modernidad>> y ha acabado en la catástrofe actual, entre otras cosas con la mitad de los niños sin bautizar.

Está de más agregar que la primera laurea honoris que Eco recibió por El nombre de la rosa, le fue concedida por la Universidad de Lovaina, que es una de las universidades <<católicas>> más antiguas y prestigiosas; a la cual el pueblo creyente se entregó con sacrificio a su reconstrucción después de la primera y segunda guerra  mundiales. A veces uno se pregunta si esos curas, profesores y notables saben quiénes entre los católicos –y con qué fin- siguen asegurándoles pan, estatus social, poder… Otra laurea llegó para nuestro profesor Eco: la de la Universidad Jesuita americana. Y el Centro Católico Cinematográfico Italiano dio juicio positivo a la película que el duelista italiano de párrafos anteriores no quería ver en las pantallas <<católicas>> holandesas. Estamos con él, pero ¿no deberíamos sentirnos ridículos donquijotes luchando en semejantes batallas?

8. Leyenda negra/7

<<Arma cínica de una guerra psicológica>> es como define Pierre Chaunu el uso que las potencias protestantes hicieron de la obra de Las Casas. Los motivos fueron políticos, pero también religiosos: la separación de Roma efectuada por Enrique VIII había dado lugar a una iglesia de Estado bastante poderosa y estructurada como para ponerse al frente de las demás comunidades reformadas de Europa.

Los Países Bajos y Flandes desempeñaron un papel importante en esta <<guerra psicológica>>. Precisamente fue Theodor De Bry -flamenco- quien diseñó los grabados que acompañarían muchas ediciones de la Brevísima relación; dibujos en los que los ibéricos aparecen entregados a todo tipo de sádicas crueldades contra los pobres indígenas, y que no sólo tienen su origen en la imaginación del autor, sino que son prácticamente las únicas imágenes antiguas de la Conquista, al punto de seguir siendo reproducidas hasta hoy.

Para ahondar aún más en el tema, es preciso indagar acerca de qué ocurrió con las colonias luego del dominio español. Luego de ser invadida por Napoleón, España tuvo que desatender los extensos territorios americanos. Luego de reconquistar su gobierno, ya era demasiado tarde para restablecer el statu quo de las tierras de ultramar. La Burguesía criolla siempre había mantenido relaciones tensas con la corona, por abocarse esta última a <<defender demasiado>> a los indígenas e impedir su explotación; sentimiento que se hizo extensivo a la Iglesia debido a los esfuerzos de las órdenes religiosas para velar por el respeto y la mejora de las normas que protegían a los indios.

Debido a esta oposición a la Iglesia, vista como aliada de los indígenas, la élite criolla que condujo la revolución contra la madre patria estaba profundamente contaminada por el credo masónico que dio a los movimientos de independencia un carácter de duro anticristianismo que se mantuvo hasta nuestros días. Los jefes de la insurrección contra España fueron todos altos exponentes de las logias; un análisis de las banderas y los símbolos estatales de América Latina permite comprobar la abundancia de elementos de la simbología de los <<hermanos>>.

Resulta innegable el hecho de que en cuanto se liberaron de las autoridades españolas y de la Iglesia, los criollos invocaron los principios de hermandad universal masónica y de los <<derechos del hombre>> de jacobina memoria para liberarse de las leyes de tutela de los indios. Casi nadie dice la amarga verdad: pasado el primer período de la colonización ibérica, fatalmente duro por el encuentro-desencuentro de culturas tan distintas, no hubo ningún otro período tan desastroso para los autóctonos sudamericanos como el que se inicia en los albores del siglo XIX, cuando sube al poder la burguesía supuestamente <<iluminada>>.

7. Leyenda negra/6

Resulta significativo cuanto escribe el protestante Pierre Chaunu sobre la colonización española de las Américas y las denuncias como las de Las Casas: <<Lo que debe sorprendernos no son los abusos iniciales, sino el hecho de que esos abusos se encontraron con una resistencia que provenía de todos los niveles -de la Iglesia, pero también del Estado mismo- de una profunda conciencia cristiana.>> Resulta lamentable que obras como Brevísima relación de la destrucción de las Indias de fray Bartolomé fueran utilizadas sin escrúpulos por la propaganda protestante y después, por la iluminista, cuando en realidad constituyen el testimonio de la sensibilidad hacia el problema del encuentro con un mundo absolutamente nuevo e inesperado.

Ahora bien, sobre el triste panorama que pinta la obra de Las Casas sobre la conquista, Luciano Perena, de la Universidad de Salamanca señala que: <<Las Casas se pierde siempre en vaguedades e imprecisiones. No dice nunca cuándo ni dónde se consumaron los horrores que denuncia, tampoco se ocupa de establecer si sus denuncias constituyen una excepción. Al contrario, en contra de toda verdad, da a entender que las atrocidades eran el único modo habitual de la Conquista.>>

Una empresa como la conquista de América jamás se habría podido realizar con buenas maneras. Hernán Cortés, quien puso fin al imperio de los aztecas y a quien Las Casas presenta de modo pesimista, fue quien vio bajar de las pirámides el río de sangre humana de las víctimas sacrificadas. Sea como fuere, como buen converso, Las Casas estaba más preocupado por la salvación de las almas de los nativos (sólo si se los trataba de forma adecuada iban a aceptar el bautismo), de ahí que no sea posible presentarlo como una suerte de precursor de la <<teología de la liberación>> al estilo marxista.

La preocupación de España por la salvación de las almas de los nativos no tuvo precedente,  y hasta que la corte de Madrid no sufrió la contaminación de masones e <<iluminados>>, no reparó en gastos ni en dificultades para cumplir con los acuerdos con el Papa, que había concedido los derechos de patronato a cambio del deber de evangelización. Los resultados hablan: gracias al sacrificio y al martirio de generaciones de religiosos mantenidos con holgura por la Corona, en las Américas se creó una cristiandad que es hoy la más numerosa de la Iglesia católica y que ha dado vida a una fe <<mestiza>> encarnada por el encuentro vital de distintas culturas. A pesar de los errores y los horrores, se trató de una de las más grandes aventuras religiosas y culturales que tuvo una feliz evolución.

A diferencia de lo ocurrido en Norteamérica, en Sudamérica el cristianismo y las culturas precolombinas dieron vida a un hombre y a una sociedad realmente nuevos respecto a la situación precolombina. Fue sin duda un abuso instrumentalizar a Las Casas como arma de guerra contra el <<papismo>>, fingiendo ignorar que contra España se utilizaba la voz de un español escuchado y protegido por el gobierno y la Corona de esa misma España.

6. Leyenda negra/5

Jean Dumont señaló respecto de Bartolomé de las Casas: <<El fenómeno de Las Casas es ejemplar puesto que supone la confirmación del carácter fundamental y sistemático de la política española de protección de los indios. Desde 1516, cuando Jiménez de Cisneros fue nombrado regente, el gobierno ibérico no se muestra en absoluto ofendido por las denuncias, a veces injustas y casi siempre desatinadas del dominico. El padre Bartolomé no sólo no fue objeto de censura alguna, sino que los monarcas y sus ministros lo recibían con extraordinaria paciencia, lo escuchaban, mandaban que se formaran juntas para estudiar sus críticas y sus propuestas, y también para lanzar, por indicación y recomendación suya, la importante formulación de las “Leyes Nuevas”. (…)>>

Es más, Carlos V mandó nombrar a Las Casas obispo, y por efecto de sus denuncias y las de otros religiosos, en la Universidad de Salamanca se crea una escuela de juristas que elaborará el derecho internacional moderno, sobre la base fundamental de la <<igualdad natural de todos los pueblos>>. ¿Necesitaba la gente del nuevo mundo esta protección?

Jane Fonda, actriz norteamericana que desde la época de Vietnam intenta presentarse como <<políticamente comprometida>> se sumó al conformismo denigratorio que hizo presa de no pocos católicos frente a lo que llaman la <<destrucción de las grandes religiones precolombinas>>, afirmando que éstas <<tenían una religión y un sistema social mejores que el impuesto por los cristianos mediante la violencia>>.

Un estudioso, también norteamericano, le contestó en uno de los principales diarios recordándole cómo era el ritual de las continuas matanzas de las pirámides mexicanas: <<Cuatro sacerdotes aferraban a la víctima y la arrojaban sobre la piedra de sacrificios. El Gran Sacerdote le clavaba entonces el cuchillo debajo del pezón izquierdo, le abría la caja torácica y después hurgaba con las manos hasta que conseguía arrancarle el corazón aún palpitante para depositarlo en una copa y ofrecérselo a los dioses. Después, los cuerpos eran lanzados por las escaleras de la pirámide. Al pie, los esperaban otros sacerdotes para practicar en cada cuerpo una incisión desde la nuca a los talones y arrancarles la piel en una sola pieza. (…) Una vez curtidas, las pieles servían de vestimentas a la casta de los sacerdotes.>>

Menos sanguinarios eran los Incas. Como recuerda un historiador: <<Los incas practicaban sacrificios humanos para alejar un peligro, una carestía, una epidemia. Las víctimas, a veces niños, hombres o vírgenes, eran estranguladas o degolladas, en ocasiones se les arrancaba el corazón a la manera azteca.>>

Volviendo a Las Casas y la conquista, a diferencia de los anglosajones, que se limitarían a exterminar a aquellos <<extraños>> que encontraron en el Nuevo Mundo, los ibéricos aceptaron el desafío cultural y religioso -tantas veces difamado- con una seriedad que constituye una de sus glorias, no pretendiendo con ello ocultar los errores que efectivamente se cometieron: por primera vez en la historia, los europeos se enfrentaban a culturas muy distintas y muy lejanas.

5. Leyenda negra/4

Brevísima relación de la destrucción de las indias. Obra de Fray Bartolomé de las Casas, quien calificó así la colonización de América. ¿Se trata de una calificación cerrada y definitiva? Veamos.

Bartolomé de las Casas nació en Sevilla, en 1474, hijo del rico Francisco Casaus (apellido que delata orígenes judíos). El padre de Bartolomé acompañó a Colón en su segundo viaje al otro lado del atlántico, quedándose en Antillas, donde creó una gran plantación donde se dedicó a esclavizar a los indios (práctica que caracterizó el primer período de la conquista, suprimida por Isabel la Católica). Después de estudiar en la Universidad de Salamanca, Bartolomé partió a América para hacerse cargo de la herencia paterna, y hasta los 35 años empleó los mismos métodos que más tarde denunciaría. Luego de su conversión, Las Casas se ordenó cura primero y luego dominico y dedicó el resto de su larga vida a defender la causa de los indígenas ante las autoridades de España.

Con demasiada frecuencia se escribe la historia dando por sentado que sus protagonistas se comportan pura y exclusivamente de forma racional. Algunos estudiosos, al realizar un análisis psicológico de la <<vociferante>> personalidad de Las Casas han llegado incluso a hablar de un <<estado paranoico de alucinación>>; juicios severos que han sido defendidos por historiadores como el español Ramón Menéndez Pidal.

Asimismo, el norteamericano William S. Maltby, profesor de Historia de Sudamérica en una universidad de EEUU, y quien en 1971 publicó un estudio del tema en cuestión, escribió que <<ningún historiador que se precie puede hoy tomar en serio las denuncias injustas y desatinadas de Las Casas>>, concluyendo que <<En resumidas cuentas, debemos decir que el amor de este religioso por la caridad fue al menos mayor que su respeto por la verdad.>>

Sea como fuere, tras su insistencia, las autoridades de la madre patria atendieron sus consejos y aprobaron severas leyes de tutela de los indígenas, lo que más tarde iba a tener un perverso efecto: los propietarios españoles, necesitados de abundante mano de obra, dejaron de considerar conveniente el uso de las poblaciones autóctonas que algún autor define hoy como <<demasiado protegidas>>, y comenzaron a prestar atención a los holandeses, ingleses y franceses que ofrecieron esclavos importados de África y capturados por los árabes musulmanes; esclavos a quienes posteriormente también llegaría una ley española de tutela.

Es preciso rescatar que Las Casas haya podido atacar impunemente y con expresiones terribles no sólo el comportamiento de los particulares sino el de las autoridades, lo que se debió, en palabras de Maltby <<además de a las cuestiones de fe, al hecho de que la libertad de expresión era una prerrogativa de los españoles durante el Siglo de Oro, tal como se puede corroborar estudiando los archivos, que registran toda una gama de acusaciones lanzadas en público -y no reprimidas- contra las autoridades>>. Más aún, este furibundo contestatario no sólo no fue neutralizado, sino que se hizo amigo íntimo del emperador Carlos V, y éste le otorgó el título de protector general de todos los indios, y fue invitado a presentar proyectos que, una vez discutidos y aprobados, se convirtieron en ley en las Américas españolas. Nunca antes un <<profeta>> había sido tomado tan en serio por un sistema político al que se nos presenta entre los más oscuros y terribles.


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