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55. ¿Era mejor Torquemada?

Salman Rushidie acaba de lanzar una llamada desesperada que ha aparecido recientemente en las publicaciones más importantes de occidente[1]. Rushidie es el escritor en lengua inglesa de origen indio y musulmán al que el ayatolá y déspota iraní Jomeini, a principios de 1989, hizo condenar a muerte en contumacia por un libro que juzgó irreverente con Mahoma. La práctica totalidad del mundo musulmán aprobó la <<sentencia>> del líder político-religioso de Irán.

Con el fin de reforzar la creencia de que la eliminación del escritor blasfemo era un firme deber religioso de todo buen islámico, el gobierno iraní ha ofrecido como un motivo de aliento añadido una elevada cifra de dinero destinada a aquel que triunfe en el intento; cifra que ha aumentado gracias a suscripciones populares. El final trágico ha sido evitado gracias al gobierno británico, que ha mantenido oculto a Rushidie en varias localidades secretas, poniéndolo bajo custodia de los mejores comandos antiterroristas. Después de más de tres años de esta no vida, Rushidie ha escrito la aludida llamada. Dice que ya no puede más, que lo ha intentado todo para obtener el <<perdón>> de sus hermanos de fe, habiendo tropezado siempre con respuestas feroces y con la advertencia de que ofender la reputación del Profeta es un pecado imperdonable en esta vida e inexpiable en el más allá.

Ahora Rushidie declara que ha perdido toda esperanza y que ve con resignación que <<”musulmán” se está convirtiendo en una palabra aterradora>>. Por otro lado, dice que el Islam <<no ha logrado crear en ningún lugar de la tierra una sociedad libre y no me permitirá de ningún modo que yo favorezca el advenimiento de ese tipo de comunidad>>. Menciona a un notable musulmán a quien se había dirigido para suplicar su mediación: <<Me respondió con orgullo que, mientras él hablaba por teléfono, su esposa le cortaba las uñas de los pies, y me sugirió que encontrara una esposa así, obediente y humilde como desea ese Corán al que yo había despreciado.>>

Rushidie concluye diciendo que lo que denomina el <<Islam Realmente Existente>>, <<ha hecho un dios de su Profeta, ha sustituido una religión sin sacerdotes con un cargamento de sacerdotes, hace de la adhesión a la letra del texto un arma y de la interpretación un crimen: por lo tanto, nunca permitirá que sobreviva una persona como yo>>.

Cometería un error quien pensara que se trata de un asunto que atañe sólo a los musulmanes. En París se ha dictado otra sentencia de muerte que, por primera vez, afecta a un escritor no islámico. El condenado se llama Jean-Claude Barreau, y su última obra se titula De l’Islam en général et du monde moderne en particulier (<<Del Islam en general y del mundo moderno en particular>>). Las predicciones del católico <<progresista>> Barreau a favor de una apertura del islamismo a una sociedad pluralista y democrática han agradado tan poco a la enorme y siempre en aumento masa de inmigrantes musulmanes en Francia como para inducir a la decisión de asesinar al incauto. Barreau ha tenido que mantenerse en la clandestinidad al igual que Rushidie, y los edificios en los que reside están vigilados día y noche por la policía armada y no puede moverse sin llevar escolta.

Es una señal inquietante de lo que nos espera. Así, esa intelligentsia que combate el cristianismo desde hace más de dos siglos en nombre de la libertad de expresión, conocerá los beneficios de tener que expresarse bajo la continua amenaza de muerte decretada por la Umma, la comunidad islámica. Recalcaremos que la condena, a diferencia de las de la Inquisición, la sentencia un tribunal anónimo e inapelable que no contempla alguna posibilidad de perdón o, al menos de expiación incruenta. Como profetizaba León Bloy a principios de este siglo, ¿llegará el tiempo en que echaremos de menso a Torquemada?

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[1] La primera edición del libro materia de síntesis data del año 1992.

54. Islam

Podemos preguntarnos cuál es la función del islam en el misterioso plan divino. ¿Por qué, después de Jesucristo, Mahoma? ¿Qué misión iba a cumplir en la organización providencial este monoteísmo surgido de improviso e imprevisto?

A esta interrogante se le podría añadir otra de igual magnitud, que adquirió relevancia a raíz de la guerra del golfo Pérsico contra el Iraq de Saddam Hussein[1]. El despliegue en los desiertos de Arabia de la mayor coalición de la historia, con una potencia de alcance varias veces superior a la exhibida en toda la segunda guerra mundial, sería del todo incomprensible desde una perspectiva puramente política o militar. ¿Se ha hecho todo este gigantesco esfuerzo sólo para permitir el retorno a la patria a un emir multimillonario y a su corte de esposas, concubinas, eunucos y demás acaudalados cortesanos? ¿Las democracias occidentales en acción de guerra –y ondeando motivaciones idealistas- para reinstaurar un régimen semifeudal?

En efecto, creemos que tras la rendición de Iraq, nadie se conmovió viendo a emires y cortesanos abandonar, con sus gruesos anillos y relojes de oro macizo, el lujoso hotel de Arabia Saudí utilizado como <<sede del gobierno en el exilio>> para regresar a Kuwait City con un cortejo de Rolls Royce. Por supuesto, el petróleo explica algunas cosas. Estados Unidos e Inglaterra, los líderes de la coalición pro Kuwait, poseen en sus respectivos territorios pozos suficientes como para llegar a la autosuficiencia. Pero el pequeño país del golfo Pérsico no interesa tanto por ser proveedor de crudo como por su enorme concentración financiera: de sus miles de millones de dólares dependen increíbles intereses con sede en las bolsas de Londres y Nueva York.

Pero tampoco esta cruzada internacional proclamada por Estados Unidos con la cobertura de la ONU puede ser explicada del todo con la economía. En esta guerra ha habido <<algo>> más. Este <<algo>> que se esconde detrás del <<Nuevo Orden Mundial>> del que tantas veces habló el presidente norteamericano Bush (padre), al igual que el líder británico y el presidente francés. ¿No parecería demasiado excesivo sacar a colación un <<Nuevo Orden Mundial>> para una guerra de trasfondo regional, contra un país cuyo ejército, a pesar de estar armado por rusos y también por occidentales, prácticamente no pudo reaccionar?

Un principio de explicación puede venir de un hecho recordado explícitamente por el Gran Maestro de la masonería italiana, Di Bernardo, en una entrevista publicada en La Stampa en marzo de 1990. Al igual que casi todos sus predecesores desde los tiempos de George Washington, George Bush (padre) es desde siempre un seguidor de las logias. Es más, posee <<un grado 33 del Rito Escocés Antiguo y Asmitido>>. O sea, ocupa el grado más alto de la pirámide de los <<Hermanos>>. El Dios tantas veces invocado por el presidente es sin la menor duda el Gran Arquitecto cuya simbología se basa antes en el dólar que en el Dios de Jesucristo. Pero hay que ser prudentes para evitar caer en el delirio del <<ocultismo>> esotérico o en la obsesión de quien detrás de la Historia sólo ve el <<gran complot>> de sociedades secretas.  A pesar de todo, es cierto que el término <<Nuevo Orden Mundial>> pertenece desde siempre al vocabulario masónico, es más, representa la meta final de esta orden. Un mundo <<nuevo>>, una humanidad <<nueva>>, una religión <<nueva>>, sincretista, y por consiguiente, tolerante y universal que se alzará sobre las ruinas de los credos <<dogmáticos>>, los grandes enemigos contra los cuales combate el <<humanismo>> masónico desde 1717.

El cristianismo y el islamismo son los <<grandes enemigos>>. El primero, al menos en su versión protestante, hace tiempo que se unió sin rodeos a las logias: la presencia de los grandes dignatarios anglicanos (seguidos luego por los de otras confesiones) es constante desde los inicios de la masonería. Algo similar ocurrió en la ortodoxia oriental, cerrada en parte sobre su arqueologismo y, al nivel de las altas jerarquías, en parte también convertidas al Gran Arquitecto. Es un dato cierto que el difunto y prestigioso patriarca de Constantinopla, Atenágoras, perteneció a las logias. Respecto al catolicismo, es muy evidente la actual conversión de al menos una parte de la intelligentsia clerical de Occidente a un <<humanismo>> entreverado de sincretismo, defendido en nombre de la <<tolerancia>>.

El islamismo permanece como un resistente baluarte, enrocado en la defensa del <<dogmatismo>> religioso. Como ya se dijo: <<El único grave y, por el momento, insuperable obstáculo para el Nuevo Orden, para el Gobierno Mundial masónico lo constituye el islam: aunque las altas cúpulas de esos pueblos también estén infiltradas, las masas musulmanas no están dispuestas a aceptar una ley que no sea la del Corán y un poder político basado en un “Dios” impreciso y no el Alá del que habló Mahoma. Si tiene que haber un gobierno mundial, el islam no está dispuesto a aceptar ninguno de los que no lleve el sello del Corán y sus mandamientos.>>

¿Es éste el significado providencial de la aparición y persistencia del Islam? ¿Son aquellos que quieren seguir creyendo en el monoteísmo revelado por las Santas Escrituras semíticas y no en el que subyace en la Carta de la ONU los que, al constituir un verdadero obstáculo para el programa masónico, cumplen así el papel establecido ab aeterno por la Providencia? No hay que olvidar, para seguir con el Golfo, la campaña de odio y difamación desarrollada en Occidente contra la teocracia del Irán de Jomeini: precisamente, para destruir este régimen fue por lo que Estados Unidos armó a Iraq, al que ahora combate para premiarlo por su espíritu <<laico>>, o, más aún, <<agnóstico>>. Y puede que el conocimiento de todo este entramado explique la tenaz oposición a la guerra de un Papa que, por esta muestra de pacifismo, ha tenido que sufrir la campaña de difamaciones de los líderes <<atlánticos>> y sus medios de comunicación.

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[1] En este capítulo se hace referencia a la guerra de 1991.


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