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49. La Sábana Santa/7

Después de los sospechosos resultados de la datación <<medieval>> efectuada por medio del carbono –resultados que se oponen a los acumulados en noventa años de sindonología, y ponen en contradicción a la ciencia contra la propia ciencia- formulamos la pregunta principal: ¿es posible asegurar la existencia del Sudario antes de finales del siglo XIII o principios del siglo XIV?

Desde el momento en que hay algo más que documentos escritos, algunos investigadores se han adentrado por la senda del arte, documentando el hecho de que en Oriente, a partir del siglo IV, el rostro de Jesucristo se reproduce con las mismas facciones, como si hubieran sido calcadas, a menudo con una fidelidad impresionante, del rostro del Sudario. Es posible que en los primeros siglos Occidente reconociera una mayor autoridad a Oriente y se adecuara también a ese canon, representando un Jesús siempre lampiño, tal vez de cabello rizado, y no largo y liso, o con la barba y el bigote que nosotros damos ahora <<por descontado>>. Pero ¿quién podría haber sugerido esas facciones sino un <<prototipo>>?

Los antiguos padres de Oriente insistían en que Jesús era cojo, casi renco. Se cree que se inspiraron en Isaías (<<no tiene presencia ni belleza>>, 53, 2), o en el salmista (<<pero yo soy gusano, no hombre>>, 21, 7). No obstante, en ningún pasaje de las Escrituras se dice que el Mesías cojease. Y sin embargo, esta convicción fue tan profunda que en el arte griego, e inmediatamente en todo el arte ruso y el del Oriente eslavo, se representó la cruz con un suppedaneum, un apoyo para los pies, inclinado como para un hombre con una pierna larga y otra corta. Y no sólo eso: con frecuencia se representa a ese hombre con la famosa <<curva bizantina>>, es decir, con el cuerpo sometido a una torsión lateral, como sucedería con un renco. En la representación que sigue vigente hoy día, la cruz greco-eslava todavía conserva inclinado aquel sostén para los pies.

No existe alguna explicación para los usos del arte oriental. Ninguna, salvo que el Sudario procede del mismo Oriente. Si uno mira el Sudario por la parte posterior, nos muestra a un Jesús cojo, con la pierna derecha bastantes centímetros más larga que la izquierda. No sólo nos muestra a un hombre cojo sino desviado por la luxación de la cadera y la deformación del hombro agravada por el peso de la cruz. Los numerosos médicos que han estudiado la Sábana no guardan dudas al respecto: primero se clavó el pie derecho, el izquierdo fue retorcido clavándolo más arriba y de lado. Todo el eje del cuerpo quedó desequilibrado por los malos tratos. Cuando se descolgó el cadáver, el rigor mortis dejó las piernas deformadas, mientras que la cadera permaneció elevada y el hombro bajado. De este modo dejaron sobre la Sábana las huellas que llevaron a engaño a los orientales, quienes pensaron en malformaciones congénitas.

Es cierto que si el Sudario que nosotros conocemos es anterior a lo que indica el C14, durante siglos tuvo que llevar una vida semiclandestina. Primero, por la oposición de los judíos; luego, por la lucha iconoclasta; pasada ésta, por el temor a los robos (temor justificado si acabó en Europa gracias a una incursión de los cruzados). Ello no impidió una presencia subterránea, sino todo lo contrario, que parece manifestarse discreta pero tenazmente a lo largo de las páginas de los Padres, que presentan a Jesús como cojo y deforme, o en el arte de los iconos que, como es sabido, no se dejaban al arbitrio del monje pintor sino que respondían a rígidas prescripciones oficiales de la Iglesia.

Pese a todas las investigaciones, no se han hallado otras imágenes equiparables al Sudario, con una sola excepción: en 1898 (justo el año de las primeras fotos turinesas del abogado Secondo Pia), moría el monje eremita libanés Sharbel Makhluf. Los restos mortales permanecieron intactos y sin la rigidez habitual, y mantuvieron además una temperatura igual a la de un ser vivo, transpirando líquido hasta el punto que se le tenía que cambiar el hábito dos veces por semana. Y esto siguió hasta que en 1950, al pasarle los comisionarios encargados de su beatificación un amito por la cara, quedó impresionada en la prenda la única imagen conocida asimilar a la del Sudario. En diciembre de 1965, en presencia de todos los sacerdotes del Vaticano II, Pablo VI lo beatificó: era el primer santo oriental desde el siglo XIII. ¿Qué significa esto? ¿Una casualidad? ¿Pero es que existen <<casualidades>> en esta dimensión?

48. La Sábana Santa/6

Es preciso recordar nuevamente a Anna Caterina Emmerick, la beata estigmatizada que hace 170 años habría <<visto>> el sudario original escondido en Asia y la sábana de Turín como una copia de las tres obtenidas <<mucho tiempo después>> (¿en la Edad Media?) mediante un prodigio. Igual de milagroso sería el origen de la Sábana primitiva, obtenida <<por proyección>> y no por contacto, si nos atenemos a las visiones de la mística, publicadas con las habituales advertencias de <<fe sólo humana>>, si bien provista de dos imprimatur oficiales.

Es insólito que la ciencia sindonológica hable hoy día de una inexplicable <<proyección>> como la única génesis posible de las huellas. La <<reliquia medieval>> de Turín sería asimilable a la tilma de Guadalupe, el mantón del pobre indio en el que la Virgen estampó su efigie y que tuvo una importancia decisiva en la evangelización de América latina y que aún hoy ve desfilar anualmente a millones de peregrinos arrodillados ante él. También se sabe que las investigaciones científicas a las que se sometió la tilma acabaron con el diagnóstico de <<objeto imposible>>. Además, el tejido vegetal con el que se fabricó el mato se deshace al cabo de pocos años, mientras que el de Guadalupe está tan fresco al cabo de casi cuatro siglos, dos de ellos pasados al aire libre, como si se hubiera hecho ayer, presentando unas cualidades misteriosas como la de rechazar el polvo. Se ha divulgado el dato de que el examen con microscopio electrónico está revelado cosas impresionantes, como sería la increíble <<fotografía>> que quedó impresionada sobre la pupila de la Virgen y que reproduce la escena circundante en el momento en que la imagen se formó repentinamente.

Volviendo al Santo Sudario y al C14, se hubieran podido esperar tres resultados distintos e irreconciliables, y muy difícilmente un veredicto unívoco que confirmase la fecha <<exacta>>, la del siglo I. Pero faltó tener en cuenta que eran tres laboratorios que utilizaban el mismo método y tipo instrumental. La contradicción que se esperaba sólo por la sencilla lógica de la fe se ha puesto de manifiesto con el contraste insalvable entre diferentes disciplinas en el seno de la misma ciencia. Por un lado la ciencia que dice <<Edad Media>>, por el otro la que dice <<no es posible, si eso es cierto, el verdadero milagro se convierte en falsificación>>.

El método del radiocarbono pertenece a la ciencia, si bien con unas limitaciones que no parecen haberse tenido en cuenta, pero también es ciencia la <<sindonología>> (y además, extraordinariamente multidisciplinar porque recurre a la física, la química, la botánica, la medicina, la arqueología, etc.), forjada a lo largo de noventa años no precisamente por legos y visionarios. Ahora, en lo que respecta al Sudario, quien desee <<negar>>, dará prioridad a la ciencia del radiocarbono, mientras que quien desee <<afirmar>> se volverá hacia esa enorme masa de resultados científicos de otro género que contradicen aquel veredicto. Y así, como en todo lo que refiere a Cristo, cada uno será llamado a hacer su elección, habiendo buenas razones (al menos aparentes) para unos y otros.

Naturalmente, aquel que quiera seguir <<afirmando>> no olvidará, como último consuelo para la opción escogida, todo lo que se ha venido diciendo, empezando por el hecho de que si es <<verdadera>>, aquella pieza de lino es un unicum en el que ha tenido lugar aquel acto único por excelencia que fue la Resurrección, con unos efectos sobre la materia que resultan totalmente desconocidos.

¿Qué esperábamos para esta Imagen? Que siguiera quedando a salvo el espacio de ambigüedad, la dimensión del misterio que hace que  la fe en el Dios de Jesús no sea la del Dios de Mahoma, para quien el incrédulo no tiene derecho de ciudadanía y es un loco porque niega la evidencia. Se ha respetado la espera, y el Misterio no sólo permanece intacto sino que se ha espesado, mostrando unas divergencias que ponen a la ciencia en contradicción consigo misma.

47. La Sábana Santa/5

Para llegar a las verdades científicas utilizamos el intelecto, la razón, el método experimental; para las verdades religiosas esos instrumentos pueden ayudar y deben acompañar hasta cierto punto el camino, pero no son decisivos. Para <<probar>> la fe se necesita aquella scientia sanctorum, que nada tiene que ver con la scientia de los laboratorios, que es la mística, es decir, <<la experiencia concreta de la Divinidad>>, <<el conocimiento verdadero y objetivo del Misterio>>, como si fuera por contacto directo. La mística es así la fuente de conocimiento más segura porque se basa en la experiencia objetiva, si bien misteriosa, de quien no precisa <<apostar>> por la fe ya que constata los hechos, es decir, se basa en la evidencia.

Entre los místicos que parecen haber sido aprobados por el severo filtro eclesiástico, se halla Anna Caterina Emmerick, la humilde pastorcilla nacida en Westfalia en 1774, que fue rechazada por todos los monasterios y acogida después de padecer infinitas humillaciones entre las agustinas y que desde 1813 hasta su muerte en 1824 no abandonó el lecho. Emmerick mostró los estigmas y fue protagonista de impresionantes visiones que suscitaron desconfianza e incomprensión, tal vez por el modo incorrecto en que se recogieron. Fue beatificada el 3 de octubre de 2004.

En la cuarta edición de las visiones de Emmerick referidas a La dolorosa Passione de N.S. Gesù Cristo (<<La dolorosa Pasión de N.S. Jesucristo), editada en Bérgamo el año 1946 con imprimatur del obispo monseñor Bernareggi y, anterior a éste, el del vicario general de la diócesis de Ratisbona en Baviera, se dicen cosas sorprendentes sobre algo que Emmerick vio desde su lecho estigmatizada, hace más de ciento setenta años. En efecto, se trata del Sudario.

Así, se nos informa que la que se venera en Turín no sería la original sino una <<huella>> (una copia) obtenida por vía milagrosa mucho tiempo después, aplicando sobre la antigua prenda de lino otra nueva. Respecto al Sudario <<auténtico>>, dice la vidente: <<He visto el original, un poco estropeado y rasgado, que honran en algún lugar de Asia cristianos no católicos. He olvidado el nombre de la ciudad, situada en las cercanías de la patria de los tres reyes (los Magos).>>

Siguiendo con las visiones de la beata (que muchas veces precedieron el descubrimiento de la moderna arqueología bíblica), se envolvió en vendas al Crucificado y, enfajado de este modo, se le tendió sobre una sábana. <<Un conmovedor milagro se operó entonces ante sus ojos. El cuerpo ultrasagrado de Jesús apareció con todas sus heridas reproducido sobre el sudario que lo envolvía con un color rojo oscuro, como si Jesús hubiese querido recompensar los cuidados y el amor que le dispensaban dejando su propia imagen a través de los velos que lo envolvían […]. Su maravilla fue tan grande que abrieron la sábana y todavía fue mayor cuando vieron todas las vendas que enfajaban su cuerpo tan blancas como antes […]. El lado de la sábana en el que se había acostado el cuerpo había recibido en dorso del Redentor, mientras que el lado que el cubría recibió el de la parte delantera.>>

Emmerick continúa diciendo que <<vio muchas cosas relacionadas con la historia posterior de esta tela>>, como por ejemplo, que <<se le honró en diversos lugares>>. Luego hace una precisión insólita: <<Una vez fue causa de disputa y para poner fin a la misma se la lanzó al fuego.>> Parece una mención a aquel <<Juicio de Dios>> al que fue sometido realmente el Sudario, pero que la ignorante monja no podía conocer. También es sorprendente que sin haberse desplazado nunca de su región pudiera describir con exactitud el color de la imagen del sudario (<<rojo oscuro>>) y decir que éste reprodujo <<todas sus heridas>>, dato que sólo se ha podido plasmar ochenta años después, con las primeras fotografías.

Éste es el pasaje desconcertante antes mencionado: <<Gracias a la plegaria de algún personaje santo se obtuvieron tres huellas, tanto de la parte posterior como de la anterior, con la simple aplicación de otra pieza de lino. Estas reproducciones, al recibir por contacto una consagración que la Iglesia quería concederles, han obrado grandes milagros.>> Después siguen las frases ya referidas acerca de la suerte del original oculto en Asia.

El <<testimonio>> de la beata debe acogerse con reserva desde una perspectiva <<religiosa>> pero no puede rechazarse a priori, porque como recordábamos, sobre hechos semejantes el místico <<sabe>> más que el científico.

46. La Sábana Santa/4

Es importante retomar un asunto que únicamente podría parecer <<secundario>> a aquellos religiosos encerrados en los asépticos laboratorios de una teología superflua por ausencia de contacto con el <<pueblo de Dios>>, al que sin embargo no cesan de aludir.

Manteniendo, pues, la <<franqueza>>, el <<hablar claro>> -la parresía del Nuevo Testamento en la lengua griega> que actualmente hasta los sínodos episcopales recomiendan a los laicos, consideramos un deber no ocultar nada. Ni siquiera el estado de ánimo que se ha advertido en el seno de esa <<base de la iglesia>> a la que se quiere tomar tan en serio como merece.

Es un estado de ánimo que puede empujar a un creyente, no precisamente lego en la materia, a escribir con amargura: <<El Santo Lienzo fue custodiado y venerado religiosamente por los Saboya durante siglos y resulta que tan pronto llega a manos de los hombres de la Iglesia, por donación de la ilustre familia, se le hace pedazos y se le lanza a una irrespetuosa investigación a manos de extraños científicos que luego pregonan su falsedad.>> Quien así se expresa es el mismo especialista (el archicatólico Romano Amerio, presidente emérito del Liceo cantonal de Lugano, reconocido internacionalmente por sus notables y acaso polémicos ensayos religiosos), que incluso llega a acusar a esos mismos <<hombres de Iglesia>> de <<pecar contra la virtud religiosa, sin la menor consideración por el sentimiento del pueblo de Dios al que durante siglos mostraron la Sábana de Turín como una imagen impresionada directamente por el Santo Cuerpo del Señor, y no como un simple “ícono” (…)>>. Más aún, según el mismo Amerio, el <<pecado de los clérigos>> sería nada menos que triple, incluyendo el de ir <<contra la doctrina, otorgando a la ciencia una seguridad y exactitud que según el sistema católico no le competen>>. Y después, <<el pecado contra la prudencia, por hacer dogma de la sentencia de tres peritos en lugar de proceder a nuevas pruebas, anulando de esta forma un siglo de estudios sindonológicos>>.

Sin duda se trata de palabras que, aún llevándose a un extremo inaceptable, expresan sentimientos presentes en el seno del <<pueblo de Dios>>, es decir, <<signos de los tiempos>> a los que deben enfrentarse los pastores de la Iglesia.

El especialista inglés Christopher Derrick decía observando el típico pragmatismo británico: <<La ciencia y por tanto el C14 pueden considerarse exactos si damos por descontado que nunca tuvo lugar la Resurrección. Pero resultan menos creíbles si partimos de la hipótesis de que ésta haya podido tener lugar>>. En efecto, la ciencia sólo puede aplicarse a lo que es <<repetible>>. Pero la Resurrección de Cristo es precisamente todo lo contrario: se trata de algo que sucedió <<una vez y para siempre>>. La fe nos induce a <<apostar>> por aquella Realidad fundacional de la propia fe, pero no sabemos nada de ella, empezando por lo que en el plano físico pueda significar esa misteriosa irrupción de vida en la tela del sudario al ponerse en contacto con aquel cuerpo.

¿Y si los resultados de los análisis no fueran, como dicen algunos, una advertencia para conceder menos importancia a las <<reliquias>> sino, por el contrario, una llamada a tomarlas verdaderamente en serio, respetando su misterio y no cediendo al chantaje de los científicos que quieren <<demostrar>> con esos instrumentos suyos, que en este caso podrían manifestarse impotentes? ¿Quizás se trata de un <<no tiréis las perlas…>> con lo que va detrás (Mt. 7, 6)? Paul Claudel: <<·De Él salía una fuerza que sanaba a todos” (Lc. 6, 19). Ha sido esa fuerza la que ha estampado las prodigiosas huellas.>> ¿Ha sido esa misma fuerza la que de algún modo también ha trastornado la tela, cegando nuestras máquinas?

Después de quedar excluida desde hace años cualquier otra hipótesis (imposible la pintura o la teoría de los vapores) parece existir una acuerdo sobre el hecho de que esa imagen es como <<una ligera quemadura>> imposible de obtener por medios humanos. ¿Qué <<fuego>> produjo tal fenómeno en el misterio de un sepulcro del que salió un ruido <<como el de un gran terremoto>> (Mt. 28, 2)? La <<ciencia>> es adecuada para el sudario de la momia. Pero si es <<auténtico>>, éste es el Lienzo del que salió vivo de nuevo el Único que <<Dios resucitó>> (Ac. 2, 32). El carbono es producto del Sol, ¿qué sucede si hipotéticamente se le pone en contacto con el Hijo de Aquel que ha creado y mueve el Sol? ¿Cómo <<ponerle fecha>> nosotros si está escrito: <<Para Él un día es como mil años y mil años como un día>> (2 Pe. 3, 8)?

La misma razón en la que se apoya la ciencia (que cuando es auténtica es consciente de sus límites), nos asegura que el caso no está cerrado de ninguna manera.

45. La Sábana Santa/3

Sin duda los análisis <<científicos>> de datación que indican que el Santo Sudario sería una falsificación medieval, plantean un desafío serio. Intentaremos ahora plantearnos interrogantes desde una perspectiva religiosa que, al final, puede revelarse como la más <<científica posible>>.

Mientras que el no creyente debe excluir numerosos elementos, el creyente es alguien que a priori no excluye nada. Nada: ni siquiera la hipótesis del engaño diabólico. ¿Acaso existe algún vestigio de que en el origen de esta presunta <<falsificación>> sindónica no subyace una intención de lucro o de mofa sino una trampa de aquel que es <<padre de la mentira>> (Jn. 8,44)? Uno de los que se ha hecho esta pregunta es Kenneth E. Stevenson, ingeniero, portavoz oficial de los cuarenta científicos norteamericanos que en 1978 sometieron el Lienzo a los análisis más sofisticados para acabar rindiéndose frente al <<objeto imposible>> y abrirse a su misterio. (Tampoco estaría mal revisar el libro Verdetto sulla Sindone [<<Veredicto sobre el Santo Sudario>>] del mismo Stevenson.)

Pero <<misterio>> puede significar Dios o el diablo. El científico americano muestra su experiencia de escéptico que al final se ve obligado a acoger ese Jesús cuyo amor le parece suficientemente confirmado por sus propios instrumentos tecnológicos: <<Mi vida se transformó.>> Así les sucedió a muchos otros, como al criminólogo de Zurich, Max Frei, que descubrió polen de Palestina sobre la prenda. <<Ahora bien, si Satanás bate a Satanás estará en desacuerdo consigo mismo, y, entonces, ¿cómo podrá sostenerse su reino?>> (Mt. 12, 26). Uno de los rasgos de lo demoníaco es la asechanza de la fe, mientras que esta señal la ha ayudado, la ha alimentado.

Si, además, diabolos etimológicamente significa <<el que divide>>, numerosos protestantes y ortodoxos se unieron a los católicos para reconocer al único Señor en aquella Huella. Y si la belleza es la huella de lo Divino, como enseña toda la Tradición, ¿puede ser un engaño de las tinieblas la <<reliquia>> para la que el muy beato padre Guarino Guarini ejecutó, dibujando de rodillas, una de las creaciones más excelsas del Barroco europeo, la maravillosa capilla que desde hace tres siglos domina el cielo de Turín?

Si el diablo no nos ha engañado, ¿nos hemos engañado nosotros al tomar en serio signos tangibles en lugar de convertirnos a una fe <<pura y dura>>? Entre otros, don Giuseppe Ghiberti, uno de los mejores estudiosos italianos de la Biblia, que ha dedicado rigurosos estudios a la relación entre la Sábana Santa y el Nuevo Testamento y que ha confesado que el día que divulgaron los resultados del análisis de radiocarbono fue <<un día penoso>> para él; ha recordado que <<la fe no debe desencarnarse hasta el punto de impedir cualquier relación con los sentimientos humanos más profundos>>. Agregó que <<no era cierto lo que se dijo en la fecha de la emisión de 1978, que un fenómeno como el Sudario era impensable como puente material con el Cristo-hombre porque en la dimensión de la fe no hay lugar para hechos semejantes. La fe no le dice a Dios de qué instrumentos puede y debe valerse para ayudarnos en el camino que nos conduce hasta Él, sino queda a disposición de los dones que Él quiera hacernos>>.

¿Y entonces? Quizá debamos cuestionar la validez de los análisis, tal vez recordando la posibilidad nada remota de haber datado los hilos de uno de los remiendos medievales, tan perfectos como para que sea imposible distinguirlos entre sí. O recordar cuando fue puesto a hervir en aceite como una especie de <<juicio de Dios>>, los incendios, las demostraciones, el paño que se adhiere por detrás y que sin duda ha dejado sus huellas, tal como lo reconoció uno de los laboratorios que halló restos de la muestra. O recordar que fue uno y no tres el análisis efectuado, porque todos utilizaron el mismo método y los mismos equipos. Se trata de un misterio que por su naturaleza se mostrará siempre esquivo o hará perder el control a los instrumentos de factura humana más sofisticados.

44. La Sábana Santa/2

Uno de los obispos más prestigiosos declara[1] a un diario liberal y anticlerical en relación a los análisis sobre la Sábana Santa: <<Los religiosos nos alegramos de los resultados aportados por la ciencia, a la que reconocemos el mérito de haber aclarado y purificado el asunto.>> El <<custodio>> del lienzo, el cardenal arzobispo de Turín, acepta <<serenamente>> los resultados de esa misma ciencia y confirma <<serenamente>> la devaluación de reliquia (la más importante de todas, si fuera auténtica) a <<ícono>> de oscuros orígenes, pero dice, igual de venerable.

En cuanto a los pobres laicos, tal vez un poco ingenuos pero no hasta el punto de arrodillarse sin crítica ante la santa Madre Ciencia y su criatura san Carbono 14, con sus locuaces sacerdotes oficiando en los templos de los laboratorios de datación radiológica de Tucson, Oxford y Zurich, nos cuesta persuadirnos de que no exista algún problema.

Después de siglos de veneración y, principalmente, tras noventa años de investigaciones interdisciplinarias que han acumulado una impresionante cosecha de indicios de credibilidad, el problema que plantea el Santo Sudario es tan sencillo como terrible: o es la <<fotografía>> del Dios que se encarnó para los cristianos en el Nazareno crucificado o es la estafa más colosal de la historia. ¿Se trata de un <<ícono>> que reproduciría el rostro de un desconocido y no el de Jesús, pero al que habría que venerar porque nos recuerda la Pasión del Salvador?

Ojo, advierte el profesor Pierluigi Baima Mollone, uno de los mejores estudiosos del tema, porque si la datación nos remite a la Edad Media, entonces la hipótesis científica más probable es la de un delito atroz, ya que se habría martirizado a un pobre desgraciado para obtener una falsificación. De este modo, el lienzo no sería un objeto de veneración sino un objeto criminal y simoníaco que debería exorcizarse. O es la luz del misterioso instante que precede a la Resurrección o son las tinieblas de un nido de maleantes en un Oriente medieval en el que pululaban los falsarios.

Es difícil librarse del problema religioso diciendo que nunca existió una declaración de autenticidad por parte de la Iglesia. Sólo en las últimas décadas del siglo XV y las primeras del siglo XVI, los papas concedieron catorce indulgencias como respuesta a otras tantas peticiones de los Saboya. Un duque de esta estirpe, Amadeo IX, proclamado beato por la Iglesia, hizo construir para el Sudario la Sainte Chapelle de Chambéry. Julio II, con la bula del 25 de abril de 1506, instituyó la <<Misa de la Sábana Santa>>, aprobó el Oficio canónico y estableció la fecha anual de las fiestas litúrgicas que se celebran el 4 de mayo. Sus sucesores, León X y Sixto V ampliaron aún más las concesiones del Rito. San Carlos Borromeo atravesó los Alpes a pie para venerar la Sábana y fue uno de los que motivaron su traslado a Turín; y en lo que respecta a los papas del siglo XX, todos se muestran <<comprometidos>> de alguna manera, desde Pío XI (<<desde luego que no es obra del hombre>>) a Pablo VI, quien aprobó primero la presentación televisiva de 1973 y luego, calurosamente, la de 1978, con un mensaje emocionado sobre lo que denominó <<el misterio de esta sorprendente y misteriosa reliquia>>. Ni hablar de la devoción del entonces cardenal arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla.

Podríamos continuar largo y tendido en la demostración de que, aun en ausencia de una declaración oficial, desde hace siglos la Iglesia, empezando por los simples creyentes y acabando por los sumos pontífices, no consideró el Sudario un simple <<ícono>> en el que había que ver un recuerdo de la Pasión que como mucho, ayudaría a la meditación, a semejanza de cualquier imagen sacra surgida de las manos de un artista. El problema de la veracidad de aquella Sábana es un <<asunto serio>>, con repercusiones gravísimas que aunque teóricamente no implican la fe, en la práctica la rozan peligrosamente.

[1] La primera edición del libro materia de síntesis fue publicada en el año 1992.

43. La Sábana Santa/1

El cardenal Anastasio Ballestrero, arzobispo de Turín, aseguró en la rueda de prensa del 13 de octubre de 1988 que el hecho de que la tela de la Sábana Santa se remontase a la Edad Media no le planteaba algún problema de orden teológico o pastoral. Dijo que la Iglesia tiene otras preocupaciones muy distintas y más graves que las vinculadas a las <<reliquias>>.

Aprovecha la ocasión para bromear diciendo que, pese a todo, la prueba de que el Sudario hace <<milagros>> es que los análisis no le han costado nada a la Iglesia ya que han sido realizados gratuitamente por tres laboratorios internacionales. Sí, pero sin olvidar que, por el tono despectivo de alguno de estos científicos, habrían pagado el trabajo de su propio bolsillo con tal de obtener unos resultados que corroborasen sus propias convicciones de agnósticos o protestantes horrorizados por las <<supersticiones papistas>>. Otro dato destacable es que en el extranjero, las entrevistas de estos científicos se retribuyen generosamente.

Tal vez las cosas no sean tan sencillas como plantea el cardenal Ballestrero, con respecto a que el <<veredicto>> presentado como <<científico>>, y que él aceptó con tanta docilidad, no tenga consecuencias pastorales. Es cierto que la fe no depende de este tema, que debería bastarnos con las Escrituras y el Magisterio…. Y aún así, habría que reparar en aquellas colas kilométricas a pleno sol, en las que millones de peregrinos aguantaban todas las molestias con tal de desfilar delante del Lienzo expuesto en la catedral  turinesa, la propia sede de Ballestrero. Habría que reparar además en que aquel Semblante se encuentra tanto en barracas como en edificios religiosos en todo el mundo.

Es cierto que es un <<icono>>, como repite continuamente Ballestrero; pero, como diría Claudel, también es una <<presencia>>. Una imagen, sí, pero con la esperanza de que fuera una ventana abierta al misterio, que ese Semblante fuese uno de esos signos de los que estamos necesitados en nuestra indigencia. No hay que rezar al sudario, sino gracias a él, esperando que un día podamos ver alzarse esos párpados: <<Creo en Ti, Señor, pero ¡ayuda a dominar mi incredulidad con señales como ésta!>>

Detrás de un icono oriental está el monje que lo ha pintado. Pero ¿qué hay detrás de este <<icono>>? ¿Hay detrás una estafa simoníaca practicada por cínicos fabricantes orientales de reliquias que, partiendo del cadáver de un joven, extraen primero un molde de yeso, lo funden luego en bronce, después dejan que el simulacro adquiera color, obteniendo la imagen sobre una sábana para retocarla al final con sangre humana? ¿Acaso no será –sospecha escalofriante- la prueba de un delito? Es decir, un pobre hombre martirizado a propósito según los datos proporcionados por el Evangelio para luego manipular el cuerpo, siempre con el fin de obtener una falsificación lucrativa.

Son preguntas que surgen como una pesadilla, incluso después de estas sospechosas pruebas con el radiocarbono. La honestidad y la realidad nos imponen reflexionar muy seriamente sobre lo ocurrido.


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