Archive for the '6. Los hermanos separados y la iglesia' Category

39. Pastores

Se ha publicado un voluminoso documento (unas 867 páginas <<pesadas como el plomo>>, como las ha definido alguien) compilado por el historiador luterano Gerard Bieser y editado por un protestante de la Antigua Alemania comunista libre de toda sospecha. En la obra se reconstruyen las relaciones entre los <<evangélicos>> y el disuelto régimen <<democrático>>. Es un cuadro que el propio sínodo de la reunificada EKD, la Iglesia evangélica alemana, define como <<alarmante>> y <<como para solicitar un acto público de contrición>>.

Del dossier se desprende que tres mil de los cuatro mil pastores protestantes de la Alemania autodenominada <<popular>> eran informadores estables u ocasionales de la terrible Staatsichereit, la policía secreta del Estado, llamada Stasi. Según Bieser, la apertura de los archivos ha mostrado que la colaboración del estamento eclesiástico luterano con el régimen, incluso como espías, <<no fue ocasional ni estuvo limitada al marco de la vida religiosa sino que constituyó un problema estructural para la Iglesia evangélica>>.

Siguiendo al mismo historiador, se dice que entre los informadores de la Stasi <<todavía no han aparecido nombres de eclesiásticos católicos>>, pero añade, a modo de consuelo para sus colegas luteranos, <<es sólo cuestión de tiempo>>.

También señala como igualmente cierto que, como ocurrió con el nazismo, cuando se lleve a cabo el balance definitivo, la implicación de los protestantes será bastante superior a la de los católicos. Y, según observa el propio historiador, no sólo se debe a la desastrosa tradición evangélica de las <<Iglesias de Estado>> sino también al hecho de haber sustituido al Papa por el poder de turno; otro factor es la tradición, que se remite al mismo Lutero, de apoyarse en las autoridades laicas vendiéndoles las <<protecciones>> de la Iglesia.  Pero también, señala el reverendo Bier, porque <<los pastores están casados, tienen familia y son más susceptibles de ser chantajeados que el clero católico, que es célibe>>. Así lo reconoce el Sínodo evangélico alemán al buscar las razones que llevaron a tres mil de los cuatro mil pastores a hacerse informadores de la policía secreta al servicio de una tiranía oficialmente atea.

38. Crímenes

La tendencia italiana a la autodifamación, alimentada sin tregua desde los medios de comunicación o las conversaciones de café, cada vez está más inclinada a pensar que Italia es el pozo de los vicios de todo el mundo. Los países del norte ponen mucho cuidado en alimentar el complejo inverso, es decir, el de superioridad, sustentado en la convicción de que el catolicismo estropeó irremisiblemente el carácter de los pueblos afligidos por él. En cambio, el protestantismo…

Esto es lo que expone en un diario inglés un tal Paul Johnson que, además de periodista informado, es un historiador bastante inconformista. Johnson llega a proponer una Europa dividida por una barrera sanitaria que seguiría las fronteras confesionales: al sur la leprosería en la que confinar a los viciosos y supersticiosos <<papistas>>, vigilando que sus virus no contagien a los demás; al norte, los ciudadanos superlativamente íntegros, purificados por Lutero, Calvino y Enrique VIII. Sin embargo, alguien ha intentado poner en cifras estos datos –lo ha hecho incluso el Ministro del Interior italiano-, pero ha sido acallado por los colegas parlamentarios y los opinión maker (forjadores de opinión).[1]

Basta citar unas pocas cifras para demostrar que a Italia no le corresponde el primer puesto en la escala de la mala vida. Si, para empezar, tomamos el número de crímenes (de todo tipo, sin considerar su gravedad) observaremos con sorpresa que la ciudad más <<criminal>> de Europa es Copenhague. Pues sí, precisamente la muy luterana capital de la muy protestante Dinamarca, donde un católico es una rareza que se contempla con altanera sospecha. Allí arriba, entre aquellos míticos <<ciudadanos ejemplares>>, la incidencia del crimen fue en 1990 de 21,198 por cada cien mil habitantes, lo que a grandes rasgos significa que un danés sobre cinco tuvo que vérselas con la ley.

De cualquier modo, la segunda en la clasificación es París, con 14,665 crímenes por cada cien mil habitantes. Sigue Londres (10,594), es decir, otra de las capitales, y de las más virulentas en su desprecio al catolicismo, precisamente la ciudad del tal Paul Johnson que pretendía aislar al sur de Europa. Sigue después Viena, casi a la par con Londres: 10,202. Finalmente, Roma que, con <<sólo>> 6,492 crímenes por cada cien mil habitantes, delinque tres veces menos que Copenhague y casi la mitad que Londres.

Si pasamos de las cifras generales a las particulares no hallaremos un solo sector criminal en el que Italia vaya a la cabeza: ni en los robos, que en un año han sido 49,633 en Francia y 36,830 en Italia, seguidos con un número casi idéntico (36,200) por los ingleses y galeses. En realidad, el conjunto de la Gran Bretaña supera ampliamente a Italia, pues en la cifra anterior no se incluyen Escocia y el Ulster, que poseen una administración de policía autónoma y otros criterios estadísticos.

Luego, en último término respecto a los robos, está la <<tranquila>> Alemania, con 35,111, siempre en el mismo año. Sin embargo, los Alemanes se hallan en un pavoroso primer lugar respecto al número de suicidios: 9,216 contra 3,806 en Italia (Francia: 8,500). Con 3,776 casos los franceses encabezan con gran ventaja la triste clasificación de la violencia carnal, seguidos por Alemania, Inglaterra y Gales, mientras que Italia aparece muy distanciada, con sólo 680 casos en todo 1990.

Pero volviendo al capítulo más negro, el de los homicidios, el país con mayor número de ellos es Alemania: 2,387. Italia cuenta con un poco honorable segundo lugar, si bien bastante distanciado de los alemanes: 1,696. El <<caso italiano>> se caracteriza por el hecho de que el 75 % de los homicidios se concentra en las zonas meridionales y sólo en unas pocas de ellas. Sin el sur de mafias y camorras varias, Italia sería uno de los lugares del mundo donde menos se mata. Pero no todo el sur es igual: al parecer, la menor tasa de criminalidad de toda la península se da en Molise; también la Basilicata es, al menos por ahora, una de las zonas inmunes a la furia sanguinaria del sur y además una de las regiones europeas menos afectadas por la ilegalidad. Según las estadísticas, las <<católicas>>, aunque <<meridionales>>, Campobasso, Isernia, Potenza, Matera son infinitamente más seguras que muchas otras ciudades del norte de Europa, pese a los Lutero y Calvino de sus respectivos pasados.

Como de costumbre, las cosas son muy distintas de lo que cierta propaganda ideológica divulga y que nuestra credulidad acepta como bueno.

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[1] La primera edición del libro materia de síntesis fue publicada en el año 1992.

37. Arrepentimientos protestantes

Todos los años, a finales de agosto, se reúne en Torre Pellice el Sínodo de la Iglesia valdense, federada desde hace algún tiempo con la Iglesia metodista. En esta ocasión[1] se respira tensión entre los representantes de la única comunidad cristiana no católica de origen italiano. Hasta tal punto que en una intervención especialmente apreciada incluso por el moderador, un delegado ha pedido para su Iglesia <<una moratoria penitencial de cinco años>>.

Entre las razones de esta propuesta de <<penitencia>> se cuenta el dato que incluso en los más altos niveles, los valdenses habían escogido muchos años atrás la <<opción socialista>>, alineándose abiertamente no sólo con el <<comunismo a la italiana>> de los seguidores de Berlinguer, sino también, al menos en algunos sectores de las altas jerarquías, con el marxismo <<puro y duro>> de los grupos y grupúsculos extraparlamentarios. Muchos pastores habrían presentado su candidatura en las listas comunistas, y no sólo para colaborar en el plano práctico. Ésta se justificada a menudo teológicamente, con la Biblia, como si Jesucristo hubiera aparecido entre los hombres para allanar el terreno al verdadero, definitivo y <<científico>> Mesías, aquel otro judío llamado Karl Marx.

El paso de Marx por la Iglesia Católica en cambio, si bien trastornó a no pocos religiosos y laicos, fue recibido de buen grado sólo por algunos obispos y, naturalmente, no salpicó a las élites. Así, el prefecto de la Congregación para la Fe se animó a definir el marxismo como <<vergüenza de nuestro siglo>> y fue atacado desde numerosos frentes, incluso en el seno de la propia Iglesia.

En los documentos del Vaticano II no se cita nunca al marxismo y al comunismo, debido a un acuerdo secreto, hoy confirmado, entre la Santa Sede y la Iglesia ortodoxa rusa. El silencio sobre el marxismo, la ausencia de condena al comunismo, fue el precio puesto por los soviéticos a cambio de permitir participar a los observadores ortodoxos en el concilio y justificar así el calificativo de <<ecuménico>> que Juan XXIII anhelaba por encima de todo. También es cierto que el comunismo a la soviética, aunque silenciado, estuvo implícitamente incluido en la condena del ateísmo teórico pronunciada por los Padres conciliares en el documento final. De cualquier modo, es preferible, naturalmente, el silencio <<católico>> que convertir a la Biblia en criada de Das Kapital.

La que sí ha sido sufrida por los valdo-metodistas es la decisión de revisar los pactos con el Estado y solicitar una participación en el reparto de la nada despreciable tarta del ocho por mil del IRPF. Cuando tuvo lugar la revisión de los Pactos Lateranenses y se decidió este tipo de financiación para la Iglesia católica, entre los valdenses se elevó un coro de comentarios donde la indignación parecía ir acompañada del desprecio hacia el <<papismo>> que identifica a tantos sectores del mundo reformado. Una vez más, se atacó la <<lógica concordatoria>> que sólo identificaba al catolicismo romano, y por más que los valdenses también se habían puesto de acuerdo con el Estado italiano, decidieron llamar a su pacto <<Intesa>> y no <<Concordato>> porque esta última palabra les parecía antievangélica por excelencia.

Sobran motivos para estar sorprendidos: es precisamente la propia Reforma la que sustituye al Papa con el príncipe y tiende a unificar la Iglesia y el Estado. La Alemania luterana, la Suiza calvinista, la Inglaterra anglicana, ponen las finanzas de su iglesia a cargo del Estado; sin ir más lejos, el sistema alemán todavía hoy tiene en el Estado a su recaudador de la <<tasa eclesiástica>>. Por no hablar del parlamento inglés, habilitado para legislar incluso sobre asuntos eclesiásticos, tanto teológicos cuanto administrativos. Habría que agregar que <<los valdenses nunca han tenido problemas de conciencia por aceptar importantes contribuciones de las Iglesias hermanas en el extranjero, financiadas por sus propios Estados>>.

En cualquier caso, la vida siempre es más fuerte que las teorías. Y los administradores <<evangélicos>> han divulgado que sin el dinero del ocho por mil, el 80% de las obras valdo-metodistas está destinada al cierre. De ahí que en el sínodo se produjera el sufrido debate, la votación y el predominio de una mayoría favorable a solicitar al Estado incluirlos también a ellos, los <<puros>>, en la declaración de la renta como posibles beneficiarios de una cuota de los impuestos de los ciudadanos. El moderador votó en contra, pero al ser reelegido de inmediato, prometió, no sin cierta alusión a su <<tormento>>, que respetaría la decisión del Sínodo y pediría al Estado que incluyera a su Iglesia en la <<lógica concordatoria>> tanto tiempo despreciada y anatemizada por los católicos.

Es una lección de humildad cristiana, amarga pero benéfica; una llamada a no juzgar o despreciar a nadie, ni siquiera a aquellos católicos de quienes hasta hace poco fuentes valdenses decían que <<vendían la pureza del Evangelio por un plato de lentejas>>. A la luz de la fe no hay sólo <<puros>> o sólo <<corruptos>>: la condición humana y sus contradicciones nos unen a todos. Sólo Cristo está libre de pecado.

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[1] La primera edición del libro que es materia de síntesis fue publicada en el año 1992.

36. Víctimas que no hay que olvidar

Ya se sabe que en este mundo no todos los muertos son iguales: los hay <<excelentes>> y otros omisibles. Así, el fascismo exaltó a sus mártires y lanzó a la oscuridad de la memoria a los caídos por el otro bando. Una vez invertida la situación política, también se invirtió el objeto de aquel culto necrófilo a los caídos por el propio bando, culto que es parte importante del poder. Es interesante señalar, que este género de cultos políticos no sabe de ecumenismos: es una liturgia que expulsa implacablemente a las demás y relega a las catacumbas políticas la memoria de los muertos de otros credos políticos.

Pero tampoco son iguales en este mundo esos muertos especiales que la Iglesia propone como santos. A algunos se les considera aceptables; a otros, en cambio, se los condena al ostracismo. Como muestran las crónicas periodísticas –descarnadas, cuando no aliñadas con alguna pregunta sobre la oportunidad de tales gestos-, entre los que no resultan <<simpáticos>> se encuentran los 85 sacerdotes, religiosos y laicos martirizados en Gran Bretaña por los anglicanos y proclamados beatos.

Al contrario de lo que sugieren algunas lecturas superficiales, el Papa Juan Pablo II ha realizado un gesto verdaderamente ecuménico. El encuentro entre cristianos presupone la revelación plena de la verdad y no su ocultamiento. No se puede hacer ningún diálogo provechoso del olvido, la hipocresía o el temor de quien no osa mirar la realidad a la cara.

Merece un elogio la Iglesia anglicana por haberlo comprendido enviando en dicha oportunidad, en representación una delegación oficial a San Pedro de Roma. Por encima del justificado sentimiento de vergüenza, y gracias al tacto del entonces Papa, prevaleció el valor evangélico: Veritas liberabit vos. Pero entonces, ¿cómo es posible que a la valentía de las comunidades anglicanas se oponga la reticencia de algunos medios de comunicación laicos, por no hablar de algún influyente <<círculo>> católico? En algunos ambientes clericales parece tener lugar una concepción del ecumenismo según la cual, sólo deberían exponerse las culpas de los católicos. Los únicos <<malos>>.

Si nos atenemos a Raphael Holisend, historiador protestante fuera de toda sospecha, Enrique VIII, el rey de las seis esposas (ordenó decapitar a un par de ellas), que se autoproclamó cabeza de la nueva iglesia anglicana, hizo matar a 72,000 católicos. Su hija Isabel I, en muy pocos años, y también en nombre de un cristianismo <<reformado>> y, por lo tanto, <<purificado>>, causó más víctimas (y con métodos más atroces, si es lícito llevar una clasificación del horror) que la Inquisición española y romana juntas a lo largo de tres siglos. ¿Quién recordaba, antes de la beatificación de los 85 mártires, que Roma, <<la intolerante>> por definición, jamás concibió una ley tan inaudita como la que decretó en 1585 el <<democrático>> Parlamento inglés, que llevó a la muerte a los nuevos beatos, por la que se imponía suplicio a los ciudadanos de la Gran Bretaña que regresaran a la patria después de consagrarse sacerdotes (en la isla estaba prohibido el ordenamiento católico), así como también a quien hubiera tenido contacto con éstos?

Es comprensible que todo esto resulte difícil de asimilar por la mentalidad general, contaminada con el mismo rosario de nombres dirigido en sentido único: <<Torquemada, Alejandro VI, Galileo, Giordano Bruno, Pizarro, Cortés…>> Como recordaba aquel pastor valdense Vittorio Subilia, presidente de la Facultad de Teología de su Iglesia y director de la respetada revista Protestantismo: <<Nunca será posible la unión sin que todos los cristianos se conviertan a Cristo.>> No hay inocentes en el pecado que nos une a todos.


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