49. La Sábana Santa/7


Después de los sospechosos resultados de la datación <<medieval>> efectuada por medio del carbono –resultados que se oponen a los acumulados en noventa años de sindonología, y ponen en contradicción a la ciencia contra la propia ciencia- formulamos la pregunta principal: ¿es posible asegurar la existencia del Sudario antes de finales del siglo XIII o principios del siglo XIV?

Desde el momento en que hay algo más que documentos escritos, algunos investigadores se han adentrado por la senda del arte, documentando el hecho de que en Oriente, a partir del siglo IV, el rostro de Jesucristo se reproduce con las mismas facciones, como si hubieran sido calcadas, a menudo con una fidelidad impresionante, del rostro del Sudario. Es posible que en los primeros siglos Occidente reconociera una mayor autoridad a Oriente y se adecuara también a ese canon, representando un Jesús siempre lampiño, tal vez de cabello rizado, y no largo y liso, o con la barba y el bigote que nosotros damos ahora <<por descontado>>. Pero ¿quién podría haber sugerido esas facciones sino un <<prototipo>>?

Los antiguos padres de Oriente insistían en que Jesús era cojo, casi renco. Se cree que se inspiraron en Isaías (<<no tiene presencia ni belleza>>, 53, 2), o en el salmista (<<pero yo soy gusano, no hombre>>, 21, 7). No obstante, en ningún pasaje de las Escrituras se dice que el Mesías cojease. Y sin embargo, esta convicción fue tan profunda que en el arte griego, e inmediatamente en todo el arte ruso y el del Oriente eslavo, se representó la cruz con un suppedaneum, un apoyo para los pies, inclinado como para un hombre con una pierna larga y otra corta. Y no sólo eso: con frecuencia se representa a ese hombre con la famosa <<curva bizantina>>, es decir, con el cuerpo sometido a una torsión lateral, como sucedería con un renco. En la representación que sigue vigente hoy día, la cruz greco-eslava todavía conserva inclinado aquel sostén para los pies.

No existe alguna explicación para los usos del arte oriental. Ninguna, salvo que el Sudario procede del mismo Oriente. Si uno mira el Sudario por la parte posterior, nos muestra a un Jesús cojo, con la pierna derecha bastantes centímetros más larga que la izquierda. No sólo nos muestra a un hombre cojo sino desviado por la luxación de la cadera y la deformación del hombro agravada por el peso de la cruz. Los numerosos médicos que han estudiado la Sábana no guardan dudas al respecto: primero se clavó el pie derecho, el izquierdo fue retorcido clavándolo más arriba y de lado. Todo el eje del cuerpo quedó desequilibrado por los malos tratos. Cuando se descolgó el cadáver, el rigor mortis dejó las piernas deformadas, mientras que la cadera permaneció elevada y el hombro bajado. De este modo dejaron sobre la Sábana las huellas que llevaron a engaño a los orientales, quienes pensaron en malformaciones congénitas.

Es cierto que si el Sudario que nosotros conocemos es anterior a lo que indica el C14, durante siglos tuvo que llevar una vida semiclandestina. Primero, por la oposición de los judíos; luego, por la lucha iconoclasta; pasada ésta, por el temor a los robos (temor justificado si acabó en Europa gracias a una incursión de los cruzados). Ello no impidió una presencia subterránea, sino todo lo contrario, que parece manifestarse discreta pero tenazmente a lo largo de las páginas de los Padres, que presentan a Jesús como cojo y deforme, o en el arte de los iconos que, como es sabido, no se dejaban al arbitrio del monje pintor sino que respondían a rígidas prescripciones oficiales de la Iglesia.

Pese a todas las investigaciones, no se han hallado otras imágenes equiparables al Sudario, con una sola excepción: en 1898 (justo el año de las primeras fotos turinesas del abogado Secondo Pia), moría el monje eremita libanés Sharbel Makhluf. Los restos mortales permanecieron intactos y sin la rigidez habitual, y mantuvieron además una temperatura igual a la de un ser vivo, transpirando líquido hasta el punto que se le tenía que cambiar el hábito dos veces por semana. Y esto siguió hasta que en 1950, al pasarle los comisionarios encargados de su beatificación un amito por la cara, quedó impresionada en la prenda la única imagen conocida asimilar a la del Sudario. En diciembre de 1965, en presencia de todos los sacerdotes del Vaticano II, Pablo VI lo beatificó: era el primer santo oriental desde el siglo XIII. ¿Qué significa esto? ¿Una casualidad? ¿Pero es que existen <<casualidades>> en esta dimensión?


Prefacio

Capítulos

Descarga la 11ª Edición

Revisa también

Bienvenidos

free counters

A %d blogueros les gusta esto: