46. La Sábana Santa/4


Es importante retomar un asunto que únicamente podría parecer <<secundario>> a aquellos religiosos encerrados en los asépticos laboratorios de una teología superflua por ausencia de contacto con el <<pueblo de Dios>>, al que sin embargo no cesan de aludir.

Manteniendo, pues, la <<franqueza>>, el <<hablar claro>> -la parresía del Nuevo Testamento en la lengua griega> que actualmente hasta los sínodos episcopales recomiendan a los laicos, consideramos un deber no ocultar nada. Ni siquiera el estado de ánimo que se ha advertido en el seno de esa <<base de la iglesia>> a la que se quiere tomar tan en serio como merece.

Es un estado de ánimo que puede empujar a un creyente, no precisamente lego en la materia, a escribir con amargura: <<El Santo Lienzo fue custodiado y venerado religiosamente por los Saboya durante siglos y resulta que tan pronto llega a manos de los hombres de la Iglesia, por donación de la ilustre familia, se le hace pedazos y se le lanza a una irrespetuosa investigación a manos de extraños científicos que luego pregonan su falsedad.>> Quien así se expresa es el mismo especialista (el archicatólico Romano Amerio, presidente emérito del Liceo cantonal de Lugano, reconocido internacionalmente por sus notables y acaso polémicos ensayos religiosos), que incluso llega a acusar a esos mismos <<hombres de Iglesia>> de <<pecar contra la virtud religiosa, sin la menor consideración por el sentimiento del pueblo de Dios al que durante siglos mostraron la Sábana de Turín como una imagen impresionada directamente por el Santo Cuerpo del Señor, y no como un simple “ícono” (…)>>. Más aún, según el mismo Amerio, el <<pecado de los clérigos>> sería nada menos que triple, incluyendo el de ir <<contra la doctrina, otorgando a la ciencia una seguridad y exactitud que según el sistema católico no le competen>>. Y después, <<el pecado contra la prudencia, por hacer dogma de la sentencia de tres peritos en lugar de proceder a nuevas pruebas, anulando de esta forma un siglo de estudios sindonológicos>>.

Sin duda se trata de palabras que, aún llevándose a un extremo inaceptable, expresan sentimientos presentes en el seno del <<pueblo de Dios>>, es decir, <<signos de los tiempos>> a los que deben enfrentarse los pastores de la Iglesia.

El especialista inglés Christopher Derrick decía observando el típico pragmatismo británico: <<La ciencia y por tanto el C14 pueden considerarse exactos si damos por descontado que nunca tuvo lugar la Resurrección. Pero resultan menos creíbles si partimos de la hipótesis de que ésta haya podido tener lugar>>. En efecto, la ciencia sólo puede aplicarse a lo que es <<repetible>>. Pero la Resurrección de Cristo es precisamente todo lo contrario: se trata de algo que sucedió <<una vez y para siempre>>. La fe nos induce a <<apostar>> por aquella Realidad fundacional de la propia fe, pero no sabemos nada de ella, empezando por lo que en el plano físico pueda significar esa misteriosa irrupción de vida en la tela del sudario al ponerse en contacto con aquel cuerpo.

¿Y si los resultados de los análisis no fueran, como dicen algunos, una advertencia para conceder menos importancia a las <<reliquias>> sino, por el contrario, una llamada a tomarlas verdaderamente en serio, respetando su misterio y no cediendo al chantaje de los científicos que quieren <<demostrar>> con esos instrumentos suyos, que en este caso podrían manifestarse impotentes? ¿Quizás se trata de un <<no tiréis las perlas…>> con lo que va detrás (Mt. 7, 6)? Paul Claudel: <<·De Él salía una fuerza que sanaba a todos” (Lc. 6, 19). Ha sido esa fuerza la que ha estampado las prodigiosas huellas.>> ¿Ha sido esa misma fuerza la que de algún modo también ha trastornado la tela, cegando nuestras máquinas?

Después de quedar excluida desde hace años cualquier otra hipótesis (imposible la pintura o la teoría de los vapores) parece existir una acuerdo sobre el hecho de que esa imagen es como <<una ligera quemadura>> imposible de obtener por medios humanos. ¿Qué <<fuego>> produjo tal fenómeno en el misterio de un sepulcro del que salió un ruido <<como el de un gran terremoto>> (Mt. 28, 2)? La <<ciencia>> es adecuada para el sudario de la momia. Pero si es <<auténtico>>, éste es el Lienzo del que salió vivo de nuevo el Único que <<Dios resucitó>> (Ac. 2, 32). El carbono es producto del Sol, ¿qué sucede si hipotéticamente se le pone en contacto con el Hijo de Aquel que ha creado y mueve el Sol? ¿Cómo <<ponerle fecha>> nosotros si está escrito: <<Para Él un día es como mil años y mil años como un día>> (2 Pe. 3, 8)?

La misma razón en la que se apoya la ciencia (que cuando es auténtica es consciente de sus límites), nos asegura que el caso no está cerrado de ninguna manera.


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