44. La Sábana Santa/2


Uno de los obispos más prestigiosos declara[1] a un diario liberal y anticlerical en relación a los análisis sobre la Sábana Santa: <<Los religiosos nos alegramos de los resultados aportados por la ciencia, a la que reconocemos el mérito de haber aclarado y purificado el asunto.>> El <<custodio>> del lienzo, el cardenal arzobispo de Turín, acepta <<serenamente>> los resultados de esa misma ciencia y confirma <<serenamente>> la devaluación de reliquia (la más importante de todas, si fuera auténtica) a <<ícono>> de oscuros orígenes, pero dice, igual de venerable.

En cuanto a los pobres laicos, tal vez un poco ingenuos pero no hasta el punto de arrodillarse sin crítica ante la santa Madre Ciencia y su criatura san Carbono 14, con sus locuaces sacerdotes oficiando en los templos de los laboratorios de datación radiológica de Tucson, Oxford y Zurich, nos cuesta persuadirnos de que no exista algún problema.

Después de siglos de veneración y, principalmente, tras noventa años de investigaciones interdisciplinarias que han acumulado una impresionante cosecha de indicios de credibilidad, el problema que plantea el Santo Sudario es tan sencillo como terrible: o es la <<fotografía>> del Dios que se encarnó para los cristianos en el Nazareno crucificado o es la estafa más colosal de la historia. ¿Se trata de un <<ícono>> que reproduciría el rostro de un desconocido y no el de Jesús, pero al que habría que venerar porque nos recuerda la Pasión del Salvador?

Ojo, advierte el profesor Pierluigi Baima Mollone, uno de los mejores estudiosos del tema, porque si la datación nos remite a la Edad Media, entonces la hipótesis científica más probable es la de un delito atroz, ya que se habría martirizado a un pobre desgraciado para obtener una falsificación. De este modo, el lienzo no sería un objeto de veneración sino un objeto criminal y simoníaco que debería exorcizarse. O es la luz del misterioso instante que precede a la Resurrección o son las tinieblas de un nido de maleantes en un Oriente medieval en el que pululaban los falsarios.

Es difícil librarse del problema religioso diciendo que nunca existió una declaración de autenticidad por parte de la Iglesia. Sólo en las últimas décadas del siglo XV y las primeras del siglo XVI, los papas concedieron catorce indulgencias como respuesta a otras tantas peticiones de los Saboya. Un duque de esta estirpe, Amadeo IX, proclamado beato por la Iglesia, hizo construir para el Sudario la Sainte Chapelle de Chambéry. Julio II, con la bula del 25 de abril de 1506, instituyó la <<Misa de la Sábana Santa>>, aprobó el Oficio canónico y estableció la fecha anual de las fiestas litúrgicas que se celebran el 4 de mayo. Sus sucesores, León X y Sixto V ampliaron aún más las concesiones del Rito. San Carlos Borromeo atravesó los Alpes a pie para venerar la Sábana y fue uno de los que motivaron su traslado a Turín; y en lo que respecta a los papas del siglo XX, todos se muestran <<comprometidos>> de alguna manera, desde Pío XI (<<desde luego que no es obra del hombre>>) a Pablo VI, quien aprobó primero la presentación televisiva de 1973 y luego, calurosamente, la de 1978, con un mensaje emocionado sobre lo que denominó <<el misterio de esta sorprendente y misteriosa reliquia>>. Ni hablar de la devoción del entonces cardenal arzobispo de Cracovia, Karol Wojtyla.

Podríamos continuar largo y tendido en la demostración de que, aun en ausencia de una declaración oficial, desde hace siglos la Iglesia, empezando por los simples creyentes y acabando por los sumos pontífices, no consideró el Sudario un simple <<ícono>> en el que había que ver un recuerdo de la Pasión que como mucho, ayudaría a la meditación, a semejanza de cualquier imagen sacra surgida de las manos de un artista. El problema de la veracidad de aquella Sábana es un <<asunto serio>>, con repercusiones gravísimas que aunque teóricamente no implican la fe, en la práctica la rozan peligrosamente.

[1] La primera edición del libro materia de síntesis fue publicada en el año 1992.


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