9. La muerte de un inquisidor


La civilización del occidente medieval, de Jacques Le Goff, considerado un texto clásico, lejos de ofrecer un fiel retrato de la Europa medieval, presenta serias falsedades. Por ejemplo, en la última edición italiana dice: <<Los dominicos y los franciscanos se convierten para muchos en símbolo de hipocresía; los primeros inspiran aún más odio por la forma en que se han puesto al frente de las represiones de la herejía, que por el papel asumido en la Inquisición. Una revuelta popular en Verona acaba cruelmente con el primer “mártir” dominico: San Pedro, llamado precisamente, Mártir, y la propaganda de la orden difunde su imagen con un cuchillo clavado en el cráneo.>>

En relación a los franciscanos, la afirmación es difícilmente sostenible. Francisco de Asís murió en 1226 y en lo que resta del siglo, entre el movimiento creado por él y las capas populares se produce una especie de idilio que durará bastante, e irá más allá de la Edad Media y llegará en cierto modo hasta nuestros días. ¿Acaso no era franciscano el padre Pío de Pietrelcina, protagonista del que probablemente fue uno de los movimientos devocionales <<interclasistas>> más amplios, intensos y duraderos en los que participaron ricos y pobres, cultos e ignorantes en el siglo XX?

Más falsa aún es la alusión al <<odio>> que acompañaría a los dominicos por el papel que asumieron en la Inquisición. En primer lugar, la Inquisición no nace contra el pueblo sino para responder a una petición de éste. En una sociedad preocupada sobre todo por la salvación eterna, el hereje es percibido por la gente como un peligro, del mismo modo que actualmente podría considerarse peligroso a quien propagase enfermedades contagiosas mortales o envenenara el ambiente. Para el hombre medieval, el hereje es el Gran Contaminador, el enemigo de la salvación del alma.

El dominico que llega para aislar y neutralizar al hereje es recibido con alivio y acompañado por la solidaridad popular. Es una deformación creer que el pueblo gemía bajo la opresión de la Inquisición. Por el contrario, si a veces la gente se muestra intolerante con el tribunal no es porque sea opresivo sino todo lo contrario, porque es demasiado tolerante con personas como los herejes que, de acuerdo con la vox populi, no merecen las garantías y la clemencia de la que los dominicos hacen gala, pues buscan acabar con el asunto deprisa y deshacerse de aquellas personas para las que los jueces multiplican las garantías legales.

Con relación a San Pedro de Verona, éste fue asesinado el 6 de abril de 1252 en Brizania, cerca de Meda, en un lugar boscoso denominado Farga cuando viajaba de Como a Milán; y no en Verona, que es el lugar de su nacimiento. Tampoco fue muerto por una <<revuelta popular>>. Nombrado inquisidor por el Papa para luchar contra la herejía <<patariana>> o <<cátara>>, fue asesinado en una emboscada que le tendieron dos de esos herejes. Los asesinos se arrepintieron espontáneamente de su acción y acabaron entrando en la orden de los dominicos, movidos en gran medida por la intensa devoción que se había generado en Milán en torno a dicho <<malvado inquisidor>>. Está de más decir que Pedro fue asesinado por un golpe de falcastro, no con un cuchillo clavado en el cráneo. No es coincidencia que San Pedro mártir esté ligado a la palabra inquisidor, que parece justificar todo tipo de imprecisiones históricas.


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