6. Leyenda negra/5


Jean Dumont señaló respecto de Bartolomé de las Casas: <<El fenómeno de Las Casas es ejemplar puesto que supone la confirmación del carácter fundamental y sistemático de la política española de protección de los indios. Desde 1516, cuando Jiménez de Cisneros fue nombrado regente, el gobierno ibérico no se muestra en absoluto ofendido por las denuncias, a veces injustas y casi siempre desatinadas del dominico. El padre Bartolomé no sólo no fue objeto de censura alguna, sino que los monarcas y sus ministros lo recibían con extraordinaria paciencia, lo escuchaban, mandaban que se formaran juntas para estudiar sus críticas y sus propuestas, y también para lanzar, por indicación y recomendación suya, la importante formulación de las “Leyes Nuevas”. (…)>>

Es más, Carlos V mandó nombrar a Las Casas obispo, y por efecto de sus denuncias y las de otros religiosos, en la Universidad de Salamanca se crea una escuela de juristas que elaborará el derecho internacional moderno, sobre la base fundamental de la <<igualdad natural de todos los pueblos>>. ¿Necesitaba la gente del nuevo mundo esta protección?

Jane Fonda, actriz norteamericana que desde la época de Vietnam intenta presentarse como <<políticamente comprometida>> se sumó al conformismo denigratorio que hizo presa de no pocos católicos frente a lo que llaman la <<destrucción de las grandes religiones precolombinas>>, afirmando que éstas <<tenían una religión y un sistema social mejores que el impuesto por los cristianos mediante la violencia>>.

Un estudioso, también norteamericano, le contestó en uno de los principales diarios recordándole cómo era el ritual de las continuas matanzas de las pirámides mexicanas: <<Cuatro sacerdotes aferraban a la víctima y la arrojaban sobre la piedra de sacrificios. El Gran Sacerdote le clavaba entonces el cuchillo debajo del pezón izquierdo, le abría la caja torácica y después hurgaba con las manos hasta que conseguía arrancarle el corazón aún palpitante para depositarlo en una copa y ofrecérselo a los dioses. Después, los cuerpos eran lanzados por las escaleras de la pirámide. Al pie, los esperaban otros sacerdotes para practicar en cada cuerpo una incisión desde la nuca a los talones y arrancarles la piel en una sola pieza. (…) Una vez curtidas, las pieles servían de vestimentas a la casta de los sacerdotes.>>

Menos sanguinarios eran los Incas. Como recuerda un historiador: <<Los incas practicaban sacrificios humanos para alejar un peligro, una carestía, una epidemia. Las víctimas, a veces niños, hombres o vírgenes, eran estranguladas o degolladas, en ocasiones se les arrancaba el corazón a la manera azteca.>>

Volviendo a Las Casas y la conquista, a diferencia de los anglosajones, que se limitarían a exterminar a aquellos <<extraños>> que encontraron en el Nuevo Mundo, los ibéricos aceptaron el desafío cultural y religioso -tantas veces difamado- con una seriedad que constituye una de sus glorias, no pretendiendo con ello ocultar los errores que efectivamente se cometieron: por primera vez en la historia, los europeos se enfrentaban a culturas muy distintas y muy lejanas.


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